La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, se reunió el 22 de septiembre de 2026 (hora de Estados Unidos) con el presidente Donald Trump en Nueva York, en su primera cumbre bilateral completa en seis meses —tras el último encuentro de marzo y un breve cruce en la cumbre del G7 en junio—, según reportaron de forma independiente The Japan Times y Seoul Economic Daily.
El eje de la reunión fue la oferta japonesa de una inversión de 550.000 millones de dólares (unos 761 billones de wones al tipo de cambio de la sesión) en Estados Unidos, planteada como respuesta a las medidas arancelarias estadounidenses. Los fondos se orientarían a diamantes sintéticos industriales, infraestructura de crudo, plantas de generación a gas, reactores modulares pequeños (SMR) y centrales de gas natural. Un alto funcionario de la Casa Blanca describió previamente a Japón como "un aliado y socio regional extremadamente importante", subrayando que su relevancia "es aún mayor" en vísperas de la llegada del presidente chino a Washington.
La agenda bilateral incluyó además la generación de empleo derivada de esa inversión, el apoyo japonés al sostenimiento de las bases militares estadounidenses en su territorio, la solicitud de Washington de elevar el gasto en defensa de Japón a 3,5% del PIB, la relación con Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz, y el posicionamiento de Tokio frente a China antes de la cumbre entre Trump y Xi Jinping. El mismo 22 de septiembre se celebró también la reunión trilateral de cancilleres de Japón, Estados Unidos y Corea del Sur en Nueva York.
El encuentro se produjo en un contexto de tensión prolongada entre Japón y China, luego de que declaraciones de Takaichi sobre Taiwán a fines de 2025 desataran restricciones comerciales chinas contra productos japoneses, un trasfondo que añade peso político a la oferta de inversión japonesa como señal de alineamiento con Washington en la antesala de la visita de Xi Jinping.

