China puso en marcha el 16 de septiembre de 2026 el Canal de Pinglu, la primera vía navegable de conexión río-mar planificada a nivel nacional desde 1949, y esta semana su Cancillería reiteró el compromiso de implementar junto a la ASEAN la versión 3.0 del Tratado de Libre Comercio China-ASEAN (CAFTA 3.0). El portavoz Guo Jiakun declaró en la rueda de prensa del 22 de septiembre que Pekín está listo para trabajar con los países de la ASEAN para implementar el CAFTA 3.0, según la transcripción oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El canal, de 134,2 kilómetros y con capacidad para embarcaciones de hasta 5.000 toneladas, conecta el corredor del río Xijiang con el Golfo de Beibu (Mar de China Meridional) y acorta en más de 560 kilómetros la distancia marítima entre el suroeste de China y el mar, según coinciden Al Jazeera y la cadena estatal CGTN. Ambas fuentes cifran el ahorro logístico entre 18% y 30%, equivalente a unos 5.200 millones de yuanes (cerca de US$720 millones) anuales en costos de transporte para provincias del interior como Chongqing, Sichuan, Guizhou y Yunnan.
El anuncio se produjo al cierre de la 23ª Feria China-ASEAN (CAEXPO), celebrada en Nanning del 16 al 21 de septiembre, que este año incorporó una "lista de demanda" específica de la ASEAN para facilitar el emparejamiento comercial. Según Al Jazeera, el comercio bilateral China-ASEAN alcanzó 4,34 billones de yuanes (unos US$640.000 millones) en el primer semestre de 2026, un 18,2% más que un año antes.
El canal y el nuevo tratado se suman a una estrategia china de más largo aliento: no solo negociar acceso preferencial a mercados, sino construir la infraestructura física que abarata ese acceso para las provincias de su interior.
Para América Latina, el abaratamiento logístico entre China y el Sudeste Asiático añade presión competitiva sobre exportadores de manufacturas ligeras y agroalimentos que compiten por espacio en el mercado chino; para España, empresas con operaciones en la ASEAN vía joint ventures deberían monitorear cómo el CAFTA 3.0 —que incorpora capítulos de economía digital y verde— redefine las reglas de origen en la región.
